Memoria de los pies que gastaron el polvo

Quiúbole, ¿todo bien? Algo que desde muy niño me ha mantenido atrapado es la imagen del espacio, del territorio, del sitio, del lugar. Al principio solamente como una noción, ligada a una admiración tempranera de la belleza que fija la atención y los latidos, luego como un gigantesco agujero existencial, al darme cuenta de que cada sitio solo existía una vez y que no podía haber otro igual. Y después como un concepto más complejo, que tenía que explicar y admirar al mismo tiempo, con el miedo a la descripción y el pánico a las paradojas.

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